Cuando una buena amiga se va
Parte de viajar sola, me refiero a que no hay más personas contigo casi todo el tiempo, es tener demaciado espacio para pensar. Pensar en lo que sea. Si piensas demasiado te creas una especie de ansiedad, ansiedad que he aprendido a controlar de a poco, pero cuando los pensamientos son recuerdos, esos sí no los domino, aún. Hoy llegué a la alcoba. Esperaba ver a Rebeca en la cama, pero no. Estaba en el espacio de mis compañeros tripulantes, así que fui por ella. Cuando la adopté, esperaba crear un vínculo irrompible con ella. Tener a un pequeño alguien que me esperara con ansias y moviera la cola al escuchar mi voz. Con Rebeca aún no creo ese laso. Y me duele, porque con Yarilo o Lalo ya los tiene, incluso con el Isma. Al regresar a la cama, recordé cómo era llegar a casa de mamá. Ver bajar a dos hermosas desmadrosas a recibirnos. Que corrían por todo el edificio, contentas de vernos. Que me lamian las manos y me llenaban de pelos. Ya no. Una ya no está. Hace una seman...

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